Período 2026 – 2030

Lic. Juan Pablo Massa

Proyecto académico y de gestión 2026-2030

Una práctica político-poética

Gestionar una escuela pública es, como plantea Laura Corral (2020), una práctica político-poética que se mueve entre la decisión y la escucha, entre la autoridad y el vínculo, entre lo institucional y la irrupción de lo nuevo.

Esta concepción profunda y situada de la gestión guía el presente Proyecto académico y de gestión para el Bachillerato de Bellas Artes (en adelante BBA) de la Universidad Nacional de La Plata (en adelante UNLP), una escuela que no solo forma parte de la estructura del pregrado de la UNLP, sino que también se constituye como una referencia académica en la región. Una escuela siempre en crecimiento, activa y floreciente donde se entrelazan las artes y las ciencias, la política, la subjetividad y el derecho a la educación en una trama compleja que reconoce la escuela como territorio de producción simbólica, de disputa de sentidos y de construcción colectiva de lo común.

Mi vínculo con el BBA es a la vez personal, político y afectivo. Egresé como estudiante en 1994 y regresé a la institución dos años después, en 1996, ya como preceptor. Con el tiempo, asumí nuevos desafíos, primero como profesor y, posteriormente, en cargos vinculados con la gestión como coordinador del Departamento de Comunicación Institucional y, en los últimos ocho años, como Secretario de Bienestar Estudiantil. Esta trayectoria diversa me ha permitido construir una mirada integral y comprometida con los múltiples planos que conforman la vida institucional de nuestro Bachillerato. Por ello, el proyecto que aquí se presenta se nutre de una experiencia concreta de escuela, atravesada por los afectos, las luchas docentes y estudiantiles, los aprendizajes compartidos y las convicciones sostenidas en el tiempo. Asume, además, la necesidad de pensar la gestión desde una ética del cuidado, la escucha activa y el compromiso diario con una escuela construida en diálogo y colaboración.

En relación con esta perspectiva, el presente proyecto se inscribe en la continuidad de las líneas de trabajo desarrolladas por la Dra. Andrea Aguerre durante sus dos períodos de gestión (2018–2022 y 2022–2026). Esta decisión no responde sólo a una adhesión personal, sino al reconocimiento del carácter profundamente transformador que dichas líneas han tenido en nuestro Bachillerato: la finalización del edificio “Noche de los Lápices”; la apertura de la cuarta división como forma de democratizar el ingreso; el acceso de más estudiantes a una educación artística pública, inclusiva, crítica y diversa; la transformación de la  estructura del equipo de gestión y la creación de nuevas Secretaría; la modificación del Plan de estudio y  la incorporación del lenguaje audiovisual; por nombrar sólo algunas de las más relevantes. 

Esta propuesta busca entonces profundizar los caminos ya iniciados, fortalecer los equipos de trabajo, continuar la ampliación de derechos y consolidar una escuela cada vez más solidaria, democrática y comprometida con su tiempo y su comunidad.

Gestionar, en este sentido, no es simplemente administrar recursos ni aplicar normativas. Puede entenderse, como señala Inés Dussel(2005), como una práctica de producción simbólica, donde se decide colectivamente qué conocimientos se valoran, qué se transmite a las nuevas generaciones, qué se conserva del pasado y qué aspectos se transforman en función de los desafíos del presente. Desde esta perspectiva, el rol de la gestión escolar no puede ser neutral ni deshumanizado: debe asumir su responsabilidad en la construcción de un proyecto pedagógico colectivo, situado en su contexto histórico, atento a las desigualdades y abierto a los nuevos lenguajes que habitan nuestras aulas.

El BBA siempre ha sido una escuela atravesada por múltiples tensiones: entre lo dado y lo nuevo; entre las asignaturas artísticas y las generales; entre la primaria, la secundaria y la universidad; entre los tiempos del hacer y los del pensar. Gestionar en este marco implica reconocer esa complejidad y habitarla sin simplificaciones. Requiere comprender que cada clase, cada instrumento, cada taller, cada aula, cada pasillo es un espacio de subjetivación, de producción cultural y creación de sentido. Por eso, la gestión debe cuidar las condiciones materiales (infraestructura, recursos, tiempos), pero también las condiciones simbólicas: el derecho a la palabra, la legitimidad del deseo, la escucha activa de los conflictos, el acompañamiento de las trayectorias, el reconocimiento de las diferencias.

Desde esta perspectiva, el presente proyecto retoma los principios establecidos por la Ley Nacional de Educación N° 26.206 —especialmente en relación con el derecho a una educación integral, inclusiva y de calidad— y con el Estatuto de la Universidad Nacional de La Plata, que en su artículo 2 define la educación como un bien público orientado al pleno desarrollo de las personas, la construcción de ciudadanía y el compromiso con la sociedad. Asimismo, se inscribe en el marco de la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral, que garantiza el derecho de niños, niñas y adolescentes a recibir contenidos que promuevan el cuidado del propio cuerpo, la igualdad de género y el respeto a la diversidad, y de la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, que establece la obligación del Estado y de las instituciones educativas de asegurar condiciones que resguarden su dignidad y sus derechos fundamentales. Como parte del sistema preuniversitario de la UNLP, el BBA tiene la responsabilidad de articular estos principios con su especificidad artístico-técnica, proponiendo una formación que combine sensibilidad, inclusión, pensamiento crítico y pertenencia comunitaria.

Creemos, como plantea Laura Corral (2020), que la autoridad en la escuela no se impone ni se hereda: se construye en el vínculo, en la responsabilidad de sostener lo común, en la coherencia entre el decir y el hacer. En esta dirección, el proyecto propone pensar la autoridad institucional como una práctica de cuidado y de escucha. Se es director o vicedirectora, coordinador o jefa de departamento no por el cargo en sí, sino por la capacidad de habilitar condiciones para que otros crezcan, hablen, propongan, y para sostener una trama de vínculos donde lo nuevo pueda emerger con fuerza. Es en ese gesto donde aparece una autoridad ética, no asimétrica, comprometida con la transmisión de lo humano y con la creación de un clima institucional basado en la confianza, el respeto y la colaboración.

En definitiva, este proyecto asume una concepción de la gestión como acto ético, como compromiso político y como tarea pedagógica. No se trata de responder a un ideal de eficiencia o eficacia, sino de la invitación a construir, día a día, un entramado institucional donde educar sea posible, deseable y transformador; donde las decisiones se tomen con otras y otros, desde la escucha y no desde el mando; Donde el arte continúe siendo una forma de aprender, un modo de relacionarnos, una manera de habitar nuestra escuela, un lenguaje para decir el mundo. 

En un tiempo que muchas veces amenaza con el repliegue, la fragmentación, el individualismo y la indiferencia, la gestión escolar puede —y debe— sostener otra lógica: la del encuentro, la de la palabra compartida, la de la invención colectiva. Este proyecto quiere ser un aporte en esa dirección.

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